Creando Tu Vida 
una nueva forma de vivir
Embajada de Paz
"La mano se cierra y se abr e miles de veces en un mismo día. ¿Cuántas de
las veces que se abre o se cierra lo hace como “nuestra” mano, es decir
como una decisión de dar o recibir, de acariciar o golpear…? ¿Cuántas
veces se cierra o se abre automáticamente, sin pensarlo siquiera, sin
darse cuenta? Todo el cuerpo se cierra y se abre y en algún sentido,
también cada parte lo hace. Los oídos se cierran y se abren; los
pulmones, el corazón, los poros de la piel, los ojos... ¿por cuántos
motivos, con cuántos diferentes sentimientos y emociones?" Lic. Alberto Ivern |
dad de la decisión personal, nos estamos “abriendo hacia dentro”, mientras que cuando nos dispersamos en miles de tareas y de gestos automáticos y urgentes para atender demasiados frentes simultáneos… a veces con ello nos estamos “cerrando hacia fuera”. Estamos cerrando los ojos y sobre todo los oídos al reclamo de nuestra mismidad extraviada. Estamos postergando nuestros deseos, postergándonos.
Cerrarse y abrirse es un movimiento espontáneo de todos los seres vivientes, incluso de todos los seres considerados globalmente como una totalidad viviente. Tose la tierra en sus volcanes, erupciones de su piel son las montañas, se llenan sus cráteres con mares al igual que nuestros pulmones con las primaveras. Todo respira, aún los hierros más duros y el más pesado concreto de las megalópolis. El universo es un cuerpo y abre sus ojos en relámpagos. Y en ese respirar, en ese abrirse y cerrarse, se re-crea. ¡¡Pero es en nuestro cuerpo donde el universo se vuelve deseo de re-crearse!!. 
| Conocen
los Wichís una divinidad así, su nombre es Tokjwáj (pequeña gota de
agua) y es capaz de transformarse en pájaro, en perro, en panal de
avispas mieleras… es decir en cosas muy diferentes para ocultarse o
aparecer, según lo exijan las circunstancias imprevistas y a menudo
adversas que suele desencadenar su curiosidad irrefrenable. En una
oportunidad Tokjwáj flechó al Gran Dorado. El hijo de Chiláj (el Dios
del agua y Señor de los peces) les había revelado a algunos
varones de la Nación Wichí, el paradisíaco estanque donde estaban los
peces, y les había enseñado a flechar sólo los suficientes para que
pudiesen comer todos y con la expresa prohibición de flechar al Gran
Dorado. Oculto mediante alguna de sus formas Tokjwáj logró seguirlos,
llegar al estanque el cual se rompió apenas flechó al Gran Dorado. Las
aguas desbordaron y comenzaron a perseguir a Tokjwáj, desparramándose
en ríos. Pero Tokjwáj hizo algo más que mutar en innumerables formas
para salvarse de la muerte, también les enseñó a los Wichís a pescar
con redes. Y si bien es más difícil flechar peces en un río que en un
estanque, ahora todos saben dónde están los peces y todos pueden
hacerlo, pues han aprendido a pescar con otros, a hacerlo juntos. |





